La nanitaGuatemala cuenta con grandes artistas en general. Escritores, no digamos; hoy gracias a Galería de Cultura, podemos compartir con ustedes, La Nanita, cuento No. 22 del escritor guatemalteco Carlos Samayoa Chicnchilla.

CUENTO # 22
La Nanita

Autor : Carlos Samayoa Chinchilla, guatemalteco.
Tecleó para Ustedes : Darío Morán, Administrador del Grupo.
Cuento por Entregas y Glosario por : Miembros Activos Numerarios.

LA NANITA, como solía llamársele en prueba de cariño y confianza, era una suerte de aya, o niñera, con muchos años de servicio en la casa, razón por la cual había asistido «desde muy patoja» a los bautizos, fiestas, casamientos y duelos de la familia. Por méritos de antigüedad conquistados en afanoso servicio, usaba toda clase de familiaridades con los niños, jóvenes y viejos, y en determinadas ocasiones hasta se permitía «echar fuerte» aun a los mayores, cuando éstos se desmandaban por una u otra razón.

Segura de su preponderancia, patroneaba a la servidumbre, cuidaba del loro y de las pericas, sacaba la esencia para el café, daba órdenes terminantes a las «hijas de casa» y conservaba en el añoso cofre de su memoria las recetas de cocina que habían dado lustre y renombre a la familia en los días de manteles largos con que la costumbre festejaba las grandes ocasiones. Por las noches al chisporroteo de las velas de sebo o estearina, entretenía a los más pequeños con fantásticos cuentos de los tiempos de antes : el Dueño de los Cerros, la Llorona, el Sisimite, el Cadejo, la Siguanaba, el Soldado sin cabeza, la Tatuana; o, ya encerrada en su pieza-como en secreto rito-lujaba tusas con la ayuda de una piedra negra y reluciente, para los cigarritos de doblador que de cuando en cuando «humaban» el patrón o la patrona.

Con el cariño del árbol que a mediados del mes de diciembre siente sobre su tronco el luminoso esplendor de las flores de Candelaria, la nanita gozaba viendo crecer y embellecerse a las niñas de la familia, celosa de su reputación, más que de la suya propia.

Y sin embargo, cuando el asunto se ponía «a punto de caramelo» y el enredo tomaba cariz de matrimonio, era la primera en ofrecerse para llevar a escondidas mensajes de amor o platillos a la casa de los padres del «futuro» con el consabido recado : » Dice la niña Evangelina que tenga muy buenos días,y que cómo está; y que aquí le manda conmigo este bocadito, hecho por ella misma, para el hoyito de la muela.»

La nanita tenía en la cabeza , a toda hora presentes, las fechas de aniversario en que se debía asistir a las misas de difuntos y visitar el cementerio; aquellas en las que era de rigor la preparación anticipada de los almuerzos y cenas de cumpleaños, así como también las que se debían festejar con piñatas, agua de canela, barquillos y horchata, con motivo del «santo»o primera comunión de alguno de los niños.

-¿Como te va, Catalina? Hoy te veo muy contenta…

-Adiós, pues, si yo lo vide nacer y lo cuidé dende quera deste porte…Afigúrese si no estaré contenta hoy qués el mero día de don Pedrito…¡Ahí donde lo ve, no puede imaginarse lo retobado quera!

Al paso de los años llegaba a ser con frecuencia algo impertinente con sus consejos, adevertencias y chocherías; pero justo es reconocer que en ciertos casos aquel antiguo tronco de palo de pito fue digno de merecer, por su abnegación y espíritu de servicio, el noble título de madre, cuando la verdadera se ausentaba o había muerto en casa del viudo ricachón…

Crédito de la imagen: facebook.com/GaleriadeCulturaGuatemala

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