Una historia navideña

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Tortuga de rioNavidad, época de sentimientos encontrados, tristeza, felicidad, frustraciones, etc. En esta ocasión les presento Una historia navideña, nuevamente, gracias Galería de Cultura.

CLUB DE LECTURA GUATEMALA
Programa «AQUÍ TE DEJO UN TU CUENTO»
Sección Autores Nacionales no muy Conocidos pero MUY BUENOS.

Del escritor Alta Verapacense RAFAEL AREVALO MORALES nacido en 1,914 graduado en la Escuela Normal para Varones y colaborador de la Revista El Normalista, tenemos para esta semana el cuento:

Una historia navideña

Desde tiempos inmemoriales me aficioné a degustar, como buen verapacense , el caldo de tortuga y más si ésta procede de las caudalosas e imponentes y bellas aguas del Polochic.

De manera que la forma de «quedar bien» conmigo de mis amigos, ya que conocen mi debilidad gastronómica es obsequiándome de cuando en cuando uno de esos hermosos ejemplares de la fauna que pueblan las márgenes del gran río altaverapacense.

Este año, como otros atrás, el compadre Tomás me trajo de la región de Panzós, donde tiene sus propiedades ganaderas, una «cajincha» de gran volumen para que doña Pancha Lizama, gran señora de la cocina cobanera, pasara sus manos prodigiosas sobre este quelonio y la convirtiera en el apetitoso plato.

Mas, por equis o por zeta se fue quedando por allí por los rincones de nuestro patio casero, luciendo el verde bambú de su concha, en cuyo lomo abultado resaltaban las gloriosas pinceladas de rojo vivo y manchas de color de yema de huevo.

Poco a poco la tortuga pasó a ser objeto de la curiosidad de nuestros visitantes. Los chiquillos de las vecindades la acechaban incansablemente, sin duda porque no es un animal doméstico corriente o porque, aun infundiéndoles miedo su grotesca cabeza de reptil, sus movimientos lentos y torpes atrajeron el fuego de sus miradas investigadoras.

Confieso que, a no ser cuando pensábamos en casa en alguna reunión de amigos de la familia y en el problema de lo que éstos debían consumir en viandas.., frecuentemente nos olvidábamos de nuestra «cajincha» panzoseña».

Las costumbres de la tortuga, por supuesto que es capaz de pasarse grandes temporadas de inactividad en un escondrijo, sin que parezca importarle la cuestión vital de la alimentación, daban alas a nuestro olvido; así solíamos ignorarla durante largas semanas.

En la primera semana de marzo, sin embargo ( que entre paréntesis es mi mes ), mi esposa pensó en el quelonio con las malas intenciones de una cocinera que tiene en mente preparar un banquete y puso a nuestros hijos a buscarla; pero nuestra «cajincha» había desaparecido.

No la hallaron ni en las casas y sitios de nuestros vecinos, en donde muchas veces la llevó, luego de un descuido nuestro con la puerta de calle, su pausado andar. Y, bueno, con el tiempo , que como sabemos restaña aun las heridas más profundas, la dimos por completamente perdida.

El día que empezaron las «posadas» de este año, casi a los diez meses de la desaparición de nuestra tortuga verapacense, ha vuelto a estar, cuando menos lo esperábamos, frente a nuestros atónitos ojos.

Su anatomía , desde luego, había sufrido la terrible transmutación que imprime a sus víctimas el cuchillo de cocina: ya no era más que una concha de tortuga, cuyos ensordecedores ruidos (¡tu-cu-ti-cu-tu; ¡tu-cu-ti-cu-tu!), horadaban despiadada mente nuestros oídos.

Su nuevo dueño, a quien indagué «discretamente», no supo explicarme cómo llegó a sus manos, como tampoco aceptó que yo hubiera sido su anterior poseedor.

Todas las tortugas se parecen–me dijo para concluir su afirmación de que yo podía estar equivocado.

Pero yo estoy seguro que el carapacho que vi somatar en medio del estruendo y la algarabía de la primera posada del barrio, de mi barrio, fue el que sirvió de casa y coraza a la «cajincha» que me mandó el compadre Tomás.

La identifiqué sin dificultad porque en el peto, perfilándose sobre su desvaído color de naranja lanquinera, nuestra tortuga llevaba borrosa marqua que mi hijo Marcel había tenido la travesura de pintarle.

Los chicos, como ustedes saben…, son muy propensos al misterio que encierran los tatuajes…

Crédito de la imagen: es.colombia.wikia.com

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