El juguete

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juguete caja cartónCuando niños, nuestra alegría era recibir un juguete, la época, no importaba, lo importante era el juguete que habíamos recibido. Hoy con agrado los invito a disfruta de este cuento, que gracias a Galería de Cultura, podemos compartir con ustedes.

Club de Lectura Guatemala
Segunda parte y final del Cuento : EL JUGUETE de Hector Eliú Cifuentes

…Tejiendo sueños y abrigando esperanzas, Ruperta se dormía profundamente. Siempre pensaba en volver. La ciudad ya no le gustaba. Prefería la paz del campo. El calor de su rancho. La risa de sus hermanos. El domingo era día de plaza en la ciudad. En cada timbrazo de la puerta, le llegaba una esperanza.

-Tal vez hoy venga mi tata. O tal vez de hoy en ocho, ¡Quien sabe! hace tiempo que nadie viene, ni siquiera a recoger mi sueldo.

Y entre deseo y deseo, se cumplió lo que quería. El día esperado llegó. Como llega la primavera y viste de color los campos. Así llegó su anciano padre aquel domingo, de improviso. Llegaba a recogerla e incorporarla a su casa. El lugar donde debía estar.

Con el más inusitado regocijo recogió su ropa. La metió precipitadamente en su caja, no sin antes cerciorarse de que su juguete estuviera ahí.

Por fin regresaba a su casa. Volvería a ver a sus hermanos. Les prestaría el juguete para que se divirtieran. Sólo eso les llevaba. Y ella, para que se alegraran viéndola y vivieran juntos para siempre.

Las veredas y los caminos volvieron a sentir los diminutos pasos de Ruperta. Una eclosión de trinos se desprendió de la montaña. Los riachuelos, de nuevo reflejaron la grácil carita de aquella pequeña. ¡Todo era felicidad!

Su madre la abrazó y besó entusiasmada. Lo mismo que sus dos hermanos, sonrientes, con la cara sucia y sudorosa. Se despepitaron locamente en veloz carrera por entre los matorrales. Bajaron al río. Se treparon a los árboles. Se metieron al corral y prendieron un grito de alegría en los contornos de la montaña. La luz de sus ojos eclipsó los últimos rayos del atardecer.

Y para compartir aquella inmensa felicidad con sus hermanos, Ruperta sacó el juguete que tanto había cuidado. Debajo de un árbol se los enseñó con orgullo. Sus hermanos, ávidos de curiosidad, alargaron las manos hasta arrebatárselo a su dueña. Pasó de mano en mano con relativa facilidad.

Y cuando todos se disponían a disfrutar con su juego, en un arrebato de contento desbordante, aquel misterioso juguete que con tanto celo había cuidado Ruperta: ¡Estalló!
Era una granada.

Crédito de la imagen: ludoforum.com

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