Los comerciantes gachipines

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Carlos Samayoa ChinchillaAhora los invitamos a leer otro cuento guatemalteco, como siempre, agradecemos a Galería de Cultura por permitirnos la publicación.

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Último cuento del año 2,014
LOS COMERCIANTES GACHIPINES
Autor: Carlos Samayoa Chinchilla

En las últimas puertas del portal del Comercio estaban instaladas, generalmente, las tiendas de los mercaderes gachupines [españoles] . En ellas se vendían frazadas y papel de Alicante, jabones y sombreros de Cádiz, paños de Extremadura, boinas de las Provincias Vascongadas, y encajes de Toledo.

Sin embargo, en esos establecimientos lo importante no era lo que se vendía o dejaba de vender, sino la gente que los frecuentaba con ánimo de matar la murria [el aburrimiento] o hacer comentarios sobre los últimos sucesos políticos ocurridos en la vieja España.

La tienda que hoy evoco pertenecía a don Melchor de Escurra, caballero natural de la ciudad de Viana, en Navarra, quien, después de haber combatido en las guerras carlistas como bueno, resolvió en cierta ocasión abandonar la lucha y «hacer la América», llegando, al cabo de varias y curiosas peripecias, hasta la dulce y tranquila tierra de Guatemala.

En La Ciudad de Estella, que así se llamaba el almacén de don Melchor, se hablaba todo el santo día de aquello o de lo otro, y muy a menudo las discusiones subían de punto ; pero a eso no se le daba ninguna importancia…¡sólo eso faltaba…!

El panzudo mercader era en realidad un hombre bondadoso que cada sábado, como una devoción, disponía graciosamente sobre su mostrador una hilera de panecillos, para auxiliar a los menesterosos, según afirmaba; siempre que éstos entraran a la tienda, tomaran uno en silencio y en seguida se retiraran, sin decir ni siquiera «Dios se lo pague , señor»; porque el dueño del establecimiento no toleraba interrupciones en la charla, ni aún de aquellos que se acercaban a él con el propósito de comprar algo, en mitad de una batalla verbal:
-Muy buen día don Melchor. Mi mamá me dijo que lo viniera a ver…Necesito un sombrero…

-¿Y quien es tu madre, mozuelo?
-Doña Paulina de Andrade y Rocafuerte, para servir a usted…
Contrariado, don Melchor se erguía, abandonaba a sus amigos, que regularmente eran compatriotas, y buscaba un sombrero en el fondo de una polvorienta caja.
-Anda, este te está bien…

Como la prenda resultara muy grande, el joven parroquiano protestaba en la sombra, con las alas del sombrero hasta la barba.
-Me queda un poco grande, creo…
-Cá, te digo que este te está bien.
-¿No podría buscarme otro, don Melchor?

-No; mira niño : dile a tu madre, mi señora doña Paulina, que te envíe otro día, porque ahora, ya lo ves tú, me encuentro bastante ocupado…
…Y muy satisfecho, el aliviado gachupín volvía a tomar asiento entre sus amigos y a reanudar la interrumpida discusión :
-Yo les aseguro que si el general Espartero no hubiera fusilado a Diego de León, nosotros los carlistas…

-¡Recontra, don Melchor, no me hable más de Esparterro o aquí se va a armar la bronca!

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