El compaginador

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Lectura y Trabajo Obligatorio para Miembros del Círculo y Club Cierre : Miércoles 7 de enero 2,015. Instrucciones vía MC.

ENSIMISMADO y silencioso como si su vida estuviera atormentada por hondas e inconfesables preocupaciones, el compaginador de periódicos va y viene en derredor de una mesa, con el apagado cigarrillo entre los dientes. ¿Es un maniático o un ido?…[despistado]. Ninguna de las dos cosas : es un cirujano del metal que corta y separa, que entablilla o empareja, y que tiene horror al vacío porque las páginas del diario, cueste lo que cueste, han de salir siempre llenas.

Persiguiendo a los espacios en blanco, parece que jugara un raro juego, pero la verdad es que su labor requiere mucho cálculo y atención. Además, tiene que saber leer al revés, ya que los lingotes y titulares fueron construidos de ese modo. Esta última habilidad da al compaginador la clave para comprender el espíritu de algunas disposiciones gubernamentales, el contenido de ciertos artículos de fondo, y ese recóndito sentido que encierra la mayor parte de la poesía moderna…

Con un par de pinzas en la diestra y la cabeza inclinada sobre el pecho, el compaginador aprieta, acuña, levanta y fija material entre un gran marco de acero que él conoce con el nombre de rama. De pronto, negra inquietud lo asalta, pues su mayor enemigo es el tiempo. Con rápida mirada constata que todavía es temprano para el tiro, y siempre receloso, saca pruebas de página. Instantes después nuevas dudas lo asaltan : ¿Pasó la cola del editorial a la página octava? ¿Fue ya corregida la sección de cables?

Su oficio de compaginar a conciencia, es estar ojo al Cristo [alerta], porque a veces en el momento en que los batallones de letras están ya formados y listos para entrar en acción, cunde el pánico cuando alguien grita desde una puerta del taller : «¡ Don Chencho : dice el director que hay que retirar el marginal sobre las últimas carambadas de Managua y poner algo en su lugar»…¡
Otro perdería la cabeza, pero el compaginador, cuando es bueno, no se desinfla por tan poco . Preparado para todas las emergencias saca el marginal que se refiere » a las carambadas de Managua» y coloca en su lugar el que guarda como reserva para casos semejantes.

Luego, ya tranquilo, enciende un cigarrillo y vuelve a emparejar, a acuñar y a apretar, como si nada hubiera pasado, ya que es un veterano del oficio que «la ha visto muchas veces careta[fea]…»

Cuando se le mira dar vueltas y vueltas en torno a la mesa, se pensaría que está chiflado; mas no es así. Súbitamente se yergue, consulta por undécima vez el reloj, y dando una última mirada a la página de metal, exclama como un loco pacífico que viera su gran idea realizada : -¿Yastuvo, muchachos?; a las prensas…Que esto es para mí como besarla dormida y preguntárselo al otro día…FIN.

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