La viuda

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viudaGuatemala es arte a manos llenas, en la música, pintura, entre otras; además, es cuna de grandes escritores que trascendieron fronteras. Ahora, gracias nuevamente a Galería de Cultura, les ofrecemos este cuento de Carlos Samayoa Chinchilla.

Club de Lectura GUATEMALA
Sección : Ahi te dejo un tu Cuento.
LA VIUDA
Autor Carlos Samayoa Chinchilla

[Asignación literaria obligatoria para Miembros del Círculo y el Club de Lectura]
DE RODILLAS, absorta ante los cajones donde guardaba sus pastores y adornos de nacimiento, doña Mechitas se hundía en aguas de recuerdo y cavilación. ¿Convendría ponerlo ese año como lo había hecho siempre, siguiendo la invariable costumbre de su familia, o habría que renunciar a él en vista de la lipidia [extrema pobreza] y abandono en que se encontraba…?

Pascua de Navidad era la fiesta de su predilección. Desde muy niña contaba los días esperándola y cuando ya fue mayorcita su más pura alegría consistió en ayudar a la madre en las compras y arreglo del verde retablo, donde cada 24 de diciembre se dignaba descender el Niño Dios en casa de sus padres. Después Merceditas casó con Marco Antonio Alfaro, y aun cuando la maternidad y sus inherentes obligaciones llenaran su modesta existencia, ella, en épocas difíciles había empleado amor y constancia para levantar el nacimiento.

Ahora estaba vieja. Sola y vieja. El marido había muerto; la familia, empobrecida, por necesidad se había separado, y los hijos, casados a su vez, desempeñaban varios empleos en los departamentos de la República. ¡Así es la vida, qué se va a hacer…!Sin embargo, en vísperas de Noche Buena, doña Mechitas no se resignaba…¡El corazón no envejece nunca…!

Con manos tembleques [Temblorosas], la anciana principió a hurgar entre los papeles y extrayendo de uno de los cajones algunas figuras de trapo o de barro. Cada pastor o casita estaba ligado a un recuerdo : ese marchante lo había comprado en Antigua, poco antes de que Marco Antonio enfermara de muerte. Esa vendedora de fruta, con cara de batidor, había sido el encanto del sacaleche. En cierta ocasión, por aquella mulita de madera había surgido una gran trifulca [ pelea] entre dos hermanos.

De una caja especial salieron los tres reyes envueltos en sus mantos de oro y grana [tinte rojo fino]. Luego fue descubierta la plaza : tiendecillas de géneros [telas], de loza o de jarcia [pitas, cuerdas, lazos y cordelería así también matates y bolsas hechas de maguey y otras fibras naturales] . Minutos más tarde salieron a la luz varios indios que trotaban inmóviles sobre un pedacito de barro, dos bolitos empinando el codo con las faldas de la camisa fuera de los pantalones, rebaños de ovejas y, además, pinos, ranchos y nopalitos ¡niñerías que fueron parte de su vida…!¡Quién lo dijera…!

Todo estaba mas o menos en buen estado, pero para poner el nacimiento era necesario comprar algunas cositas y ella no contaba con dinero suficiente : serrín de colores [Ahora se dice aserrín], arena de río, hoja de pacaya, ensartas de manzanilla, pie de gallo, una penca de corozo y paja nueva para el Niño. ¿El Niño? ¡Ah, sí, El, gracias a Dios, estaba todavía con ella, sonriendo ahí sobre la cómoda, entre su bomba de cristal…!Pero, ¿es que por fuerza debía levantarse un nacimiento con embreados, maderos, cielos de tarlatana y ríos de cristal molido? No, con un ojo hay para llorar..

Y animada por el mismo fervor con que en otros años colocara sus figuritas, doña Meches, prescindiendo de los reyes de Oriente, escogió entre sus pastorcitos a los más humildes y estropeados para que acompañaran al Divino Infante, porque esos desheredados-ella lo sentía confusamente-eran sus verdaderos devotos; los que siempre han de buscarle para bañar sus almas simples y doloridas, en el ojito de agua de su santa inocencia…FIN.

Crédito de la imagen: dramaturgiados.wordpress.com

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